Pues llegó el día y en Córdoba que me planté. Eso sí, entre que me hice un poco la remolona esperando que mi madre se fuese para coger la bolsa del "por si acaso" (no le iba a decir que me quedaba hasta que fuese una realidad) y que al llegar allí pregunté a una nativa en lugar de seguir las indicaciones de mi GPS y tuve que dar un par de vueltas más de las necesarias, la idea de llegar con un poco de antelación se fue al traste y con traste quiero decir que llegué tarde.
Para calmar un poco los nervios hice el camino del coche al punto de encuentro hablando con mi hermana. Y cuando lo vi, apoyado tan tranquilamente en aquella piedra, la duda: "¿le doy dos besos o, teniendo en cuenta lo que hemos hablado, un pico?" No tuve tiempo de pensarlo y antes de darme cuenta me estaba besando. Un beso. Un buen beso. Uno de esos besos que te descolocan y hacen que no pienses nada más como, por ejemplo, que tienes a tu hermana al teléfono. El primero de los muchos que nos dimos aquella tarde infernalmente calurosa.
Y digo infernalmente, porque en plena ola de calor pasear a las cuatro (y a las cinco y a cualquier hora en realidad) de la tarde debería estar prohibido y sin embargo ahí estábamos nosotros buscando un sitio donde poder tomar algo fresquito con muy poco éxito (¿qué hacen cerradas las cafeterías a las cuatro de la tarde? ¿A qué hora toma esta gente café?) y pensando, al menos yo lo hacía, en que la idea de coger la habitación ya y pasar esas horas fresquitos me gustaba cada vez más, pero claro, como lo de quedarme era sólo una posibilidad y era la primera vez que nos veíamos en ese plan y seguramente era pronto para plantearse nada y, y .... no dije nada.
Y entre calores, charla y besos se nos fue la tarde y ahí estábamos nosotros, pidiendo algo para cenar, sin ninguna prisa, como si no tuviese que coger el coche para volver a VCity; Sin comentar que una tarde me sabía a poco y que quería más.
Seguramente habría acabado diciéndoselo pero finalmente fue él quién me dijo que me quedase. Desde luego no había nada que pensar*.
La mañana siguiente fue una mezcla de alegría por lo bien que había ido todo y pena por la despedida. Las despedidas son un rollo y más si no sabes cuándo te vas a volver a ver. Las ganas por lo menos estaban, pero él volvería a su tierra y yo me marchaba a Mucho Más Al Sur, con lo que en un tiempo sería totalmente imposible. Habría que ir viendo.
Llegados a este punto mi mente, que va por libre, empezó a dar vueltas y un día estupendo en el que te has limitado a pensar en el aquí y ahora se torna en un: ¿y ahora qué? ¿Esto qué es? ¿Dónde vamos? ¿De dónde venimos? con lo que me entró LA PRISA y me agobié un montón. Yo solita y sin ayuda, con el riesgo de liar mucho la pelota y conseguir que le salpicase a él.
Afortunadamente conseguí pararme a pensar en lo que YO quiero y, en realidad, no tengo prisa por dar respuesta a estas preguntas. Esto, sea lo que sea, me gusta. Me gusta hablar con él y aunque me gustaría poder verle más, no pasa nada si estamos semanas sin hacerlo; me gusta tener tiempo para mí. Por eso, en el fondo, muy muy al fondo, me gusta que se tome las cosas con calma y que ponga el freno que yo no soy capaz de echar porque, para qué negarlo, soy una ansiosa de la vida y no tengo medida.
La parte mala es que a veces me da la sensación de que tanta relajación se debe a que se resiste a hacerme, pongámonos tiernos, un hueco en su corazón. No digo que él tenga uno en el mío, es MUY pronto para eso, pero yo sí tengo claro que, aunque no se pueda, me gustaría verle mañana, la semana que viene, la siguiente y dos más y, por tanto, no lo tengo descartado.
Seguramente lo que tengo que hacer es dejarme de darle vueltas al asunto (para eso lo escribo :p) y acostumbrarme a esta nueva situación que me tiene completamente descolocada.
De momento no me queda más que esperar. Pfffffffffff.
*Aprovecho esta ocasión para dar mi más sincero agradecimiento al que tuvo la maravillosa idea de poner internet en los móviles porque ello nos facilitó la tarea de buscar hotel y más a esas horas.
Pues a ver si todo sigue yendo bien y dejas de darle tantas vueltas a la cabeza, aunque sea casi imposible!
ResponderEliminarJeje, pues eso digo yo ND. Será una perogrullada, pero de momento, lo que más me está sirviendo es que sigue ahí :)
ResponderEliminar¡¡¡Oooohhh!!! ¡¡¡Otra mujer sin medida, como yo!!! Me encanta XD. Te entiendo muy bien, muchas veces queremos acelerarlo todo, aunque hay cosas que suelen funcionar mejor si van a su ritmo.
ResponderEliminar¡No estoy sola! ¡Bieeen! Jejejeje, Dra. estoy totalmente de acuerdo contigo y no quiero acelerar nada, pero, de momento (y estas son las palabras clave), no puedo evitar ponerme nerviosa. Voy a ver si busco alguna pastilla que me ayude a cambiar eso :p
ResponderEliminarNo existen pastilla para cambiar eso, dejate llevar y disfruta, algunos lo llaman amor a eso que te pasa. Un besazo.
ResponderEliminarJuan, ¡hola!, a mí es que lo de dejarse llevar no se me da muy bien, pero estoy en ello :) y parece que día a día voy teniendo mejores resultados.
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