Bueeeno, pues ya tengo noticias y no son buenas.
Podría haber escrito esto hace dos semanas cuando salieron las plantillas y pude comprobar que, a pesar de haber salido contenta del examen, no había ido ni mucho menos como esperaba, pero quería esperar a poder decirlo sin lugar a dudas... quién sabe, igual ocurría un milagro y a todo el mundo le había salido mal (la poca gente que conozco que se ha presentado ha tenido peores resultados que yo así que podría darse el caso de fracaso total, no? Ya, mis ganas).
El caso es que no hay plaza y ahora me tengo que enfrentar al hecho de que tengo 35 años y llevo casi tres sin trabajar. Lo sé, estoy jodida, pero ya saldrá algo.. o no, o a lo mejor sale algo pero en Panamá. ¡No me quiero ir a Panamá!.
La verdad es que lo veo todo bastante negro pero a pesar de eso, estoy contenta. No sé si son las pastillas de la felicidad o que he tenido tiempo para hacerme a la idea; Puede ser que haya estado aprendiendo cosas con Mel o que la semana que viene voy a ver a Carlos... porque algo bueno tenía que salir de todo esto y de momento él es lo mejor.
Decían en una serie que la gente se empeña estúpidamente en que los cambios son para mejor. Yo sólo digo que, puestos a esperar, mejor que sea bueno, aunque no sea lo que en principio habíamos pensado.
Seguiremos informando.
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viernes, 1 de marzo de 2013
miércoles, 2 de enero de 2013
Un mes
Un mes y será el examen. No me siento preparada.
Repaso y vuelvo a repasar, hago algún examen y ahí está, una pregunta de algo que me miré en septiembre... me sé el tema, pero este examen va de matices y después de tantos nombres, métodos y pequeñas diferencias todavía no tengo claro que no acabaré confundiéndolos.
Me bloqueo. Me bloqueo y no estudio; no estudio y me agobio. Me agobio y me bloqueo.
Voy a tener que volver a la dosis de ansiolíticos que me recomendó el médico y que yo sola me había bajado.
Mel me dijo que mi objetivo no debe ser conseguir una plaza porque hay demasiados factores externos que no puedo controlar, sino que debe ser hacer el mejor examen posible. Estoy de acuerdo, pero no me convence; sé que es lo único que puedo hacer, pero me aterra tener que pensar lo que puede venir después. Mejor me olvido de ésto; Ya habrá tiempo.
Pequeñas metas. Es lo que me marco estos últimos días para intentar deshacer el bloqueo para que esta soledad autoimpuesta, que deseaba y me está viniendo fatal, merezca la pena.
Tila y a estudiar.
Repaso y vuelvo a repasar, hago algún examen y ahí está, una pregunta de algo que me miré en septiembre... me sé el tema, pero este examen va de matices y después de tantos nombres, métodos y pequeñas diferencias todavía no tengo claro que no acabaré confundiéndolos.
Me bloqueo. Me bloqueo y no estudio; no estudio y me agobio. Me agobio y me bloqueo.
Voy a tener que volver a la dosis de ansiolíticos que me recomendó el médico y que yo sola me había bajado.
Mel me dijo que mi objetivo no debe ser conseguir una plaza porque hay demasiados factores externos que no puedo controlar, sino que debe ser hacer el mejor examen posible. Estoy de acuerdo, pero no me convence; sé que es lo único que puedo hacer, pero me aterra tener que pensar lo que puede venir después. Mejor me olvido de ésto; Ya habrá tiempo.
Pequeñas metas. Es lo que me marco estos últimos días para intentar deshacer el bloqueo para que esta soledad autoimpuesta, que deseaba y me está viniendo fatal, merezca la pena.
Tila y a estudiar.
viernes, 12 de octubre de 2012
Miss Hurry y el yoga
"Te invito a que las próximas dos semanas te vengas a las clases de yoga que imparto de lunes a jueves; verás que te relajas y lo bien que te sientan".
Así acababa mi primer día con Mel, mi nuevo psicólogo (sí, me quedan cosas por solucionar, ¿no dicen que a la tercera va la vencida?).
El caso es que ya me había planteado que tenía que hacer algo, pero no sabía si volver a las clases de pilates, que siempre me han venido bien, o probar con las posturitas del yoga. Años atrás cuando me enfrenté por primera vez a ese dilema pensé que me vendría mejor empezar por el yoga, por eso de relajarse y tal, pero acabé yendo a pilates, por el bien de mi espalda y... en realidad, según me comentaron, el profesor de yoga había matado a su mujer y estaba ocupado; en la cárcel... Así que no tuve elección.
Esta vez lo probaría para saber por qué decantarme.
Y llegó el primer día.
Y no fue como esperaba.
Esperaba algo similar al pilates pero más estático y sin embargo ahí estabamos todos, haciendo movimientos para conectar los dos hemisferios cerebrales... no estaba mal... parecía que seguía manteniendo una buena coordinación... ¿equilibrio?... tampoco andaba mal... Bien, me iba gustando esto del yoga.
Pero luego llegó la parte de "liberar tensiones". Y ahí estaba Mel, tan delgadito, tan suave, TAN soso (en realidad no lo conocía, pero era la impresión que tenía sobre él) haciendo movimientos que creo que pretendían ser enérgicos y que me daban un poco la risa. Hasta ahí ni tan mal, pero a continuación pasó a otros más estrambóticos que iban in crescendo con el ritmo de la música. Estaba dejándose llevar y a mí, que no me esperaba nada semejante, me estaba dando mucha vergüenza ajena. Pero ya que estaba allí pensé que mejor abría la mente y también me dejaba llevar (era eso osalir huir de la sala) por lo que, aunque muerta de la vergüenza mucho más contenida, también me puse a dar saltitos y solté los brazos y... oye, no me vino mal.
Cuando terminó la clase no me quedaba nada del nudo que había tenido en el estómago; Llevaba un par de días agobiadilla (y en esta ocasión Ahispatxu, más que ayudar, había estado metiendo el dedo en la llaga) y esa noche, por fin, dormí estupendamente.
Así que, a pesar de lo rarunas que me parecieron algunas cosas, sólo por el hecho de haberme quedado tan tranquila merecía lavergüenza pena seguir probando... A fin de cuentas, para el dolor de espalda, tengo pastillas.
Así acababa mi primer día con Mel, mi nuevo psicólogo (sí, me quedan cosas por solucionar, ¿no dicen que a la tercera va la vencida?).
El caso es que ya me había planteado que tenía que hacer algo, pero no sabía si volver a las clases de pilates, que siempre me han venido bien, o probar con las posturitas del yoga. Años atrás cuando me enfrenté por primera vez a ese dilema pensé que me vendría mejor empezar por el yoga, por eso de relajarse y tal, pero acabé yendo a pilates, por el bien de mi espalda y... en realidad, según me comentaron, el profesor de yoga había matado a su mujer y estaba ocupado; en la cárcel... Así que no tuve elección.
Esta vez lo probaría para saber por qué decantarme.
Y llegó el primer día.
Y no fue como esperaba.
Esperaba algo similar al pilates pero más estático y sin embargo ahí estabamos todos, haciendo movimientos para conectar los dos hemisferios cerebrales... no estaba mal... parecía que seguía manteniendo una buena coordinación... ¿equilibrio?... tampoco andaba mal... Bien, me iba gustando esto del yoga.
Pero luego llegó la parte de "liberar tensiones". Y ahí estaba Mel, tan delgadito, tan suave, TAN soso (en realidad no lo conocía, pero era la impresión que tenía sobre él) haciendo movimientos que creo que pretendían ser enérgicos y que me daban un poco la risa. Hasta ahí ni tan mal, pero a continuación pasó a otros más estrambóticos que iban in crescendo con el ritmo de la música. Estaba dejándose llevar y a mí, que no me esperaba nada semejante, me estaba dando mucha vergüenza ajena. Pero ya que estaba allí pensé que mejor abría la mente y también me dejaba llevar (era eso o
Cuando terminó la clase no me quedaba nada del nudo que había tenido en el estómago; Llevaba un par de días agobiadilla (y en esta ocasión Ahispatxu, más que ayudar, había estado metiendo el dedo en la llaga) y esa noche, por fin, dormí estupendamente.
Así que, a pesar de lo rarunas que me parecieron algunas cosas, sólo por el hecho de haberme quedado tan tranquila merecía la
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