miércoles, 26 de junio de 2013

Llamémosle amarillo

No te prometo amor eterno. Igual que te podría pasar a ti, mañana podría conocer al chico perfecto (para mí, claro) y enamorarme de él.

Tampoco te prometo que siempre vaya a estar ahí porque puede ser que un día me canse de este desequilibrio de voluntades y quereres y el amor no sea suficiente.

Te lo digo desde ya: no te prometo nada.

Lo que sí te puedo decir es que hoy disfruto de tu compañía, aunque sea en la distancia; Puede que me gustara verte más a menudo pero lo cierto es que tampoco pasa nada, no necesito hacerlo. Pasan los días y cuando quiero darme cuenta ha llegado nuestro fin de semana. Porque para mí es eso, nuestro.

Y hablando de necesidades, no necesito nada; Nunca lo necesité en otras relaciones aunque probablemente no di esa impresión (igual sí que necesitaba algo: el hecho de no necesitar nada). Así que tenlo claro: no te necesito, mañana podrías salir de mi vida y, aunque al principio te echaría de menos, mi vida seguiría sin problema. 

Pero lo bueno de no necesitar nada es que puedes decidir si lo quieres o no y yo, de momento, te quiero en mi vida. Me gusta que seamos amigos y me gusta que seamos amantes... tampoco es que en mi situación me pueda plantear nada más así que, de momento, tengo todo lo que quiero. No puedo quiero pedir más.

Estoy cansada de decir te quiero y que ese amor quede al final en nada, por eso no creo que vuelvas a escucharme esas dos palabras. De hecho, creo que prefiero no decir nada (me gusta la frase esa que dice: somos lo que hacemos, no lo que decimos) pero que no lo diga no quiere decir que no sienta de la manera que te estoy contando, así que he decidido que en esos momentos pensaré en, llamémosle amarillo.



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