martes, 29 de marzo de 2011

Recuerdo

- cómo bailábamos "los pajaritos" alrededor de la mesa de la cocina
- los platazos de arroz con leche que nos comíamos entre todos a cucharazos
- la navidad que murió el padre de mi tía y todos los niños nos quedamos en casa de mis abuelos. Ese año nos dio por Sonrisas y Lágrimas y los imitábamos poniéndonos en orden de edad y tamaño y militarizábamos nuestras acciones..
- la de años que estuvimos atravesando la barandilla en su primer peldaño, que era el más ancho... entrabamos en otra dimensión
- el año que mi primo atravesó con el brazo el cristal de la puerta; Acababan de reponerlo y no contaron con que llevabamos días jugando a atravesarlo y abrir la puerta desde dentro. Ese día nos podía haber tocado a cualquiera, pero el corrió más.
- la piscina de plástico que ponían en verano en la terraza del tejado. Teníamos espacio hasta para bucear!
- recuerdo el espumillón alrededor de las fotos en el pasillo en Navidad, el árbol esmirriado con sus luces a juego con las del belén; cuando comíamos en el comedor, los niños en la mesa pequeña, hasta que ya no nos cabían las piernas y tuvimos que pasarnos al salón, los Reyes y el 7 de enero en que nos volvíamos a juntar porque era el cumpleaños del abuelito
- la noche de San Antón, sus hogueras y los churros con chocolate; San Antonio y la celebración onomástica.
- todas las noches viejas de pequeños preparando obras de teatro que nos inventábamos esa misma tarde y que representábamos por el módico precio de una peseta
- luego, cuando nos hicimos mayores y ya salíamos, recuerdo cómo justo después de comernos las uvas y de dar la tanda de besos (hacíamos una especie de paseillo de forma que todos nos felicitásemos el año nuevo) todo el mundo asumía que el baño era para las nietas. Allí, año tras año, nos hemos vestido, peinado y maquillado... y antes de irnos, foto para la memoria en el photocool (no sé como nos las apañamos para hacérnoslas siempre en el mismo sitio. No lo pensamos bien)
- los Jueves Santo, el revuelo de capas y capiruchos después de la procesión. Allí acabábamos todos para dejar el hachón y recuperar fuerzas...
- recuerdo el verano en primero de carrera. Pasaba una hora con ellos entre clase y clase. En aquel patio me di cuenta por primera vez de lo mucho que se querían mis abuelos. Allí, me di cuenta de que ESO era lo que yo quería.

Cuando murió mi abuelo, lamentablemente abandonamos casi todas las citas, pero aún nos quedaban las visitas. Subías las escaleras en las que tantos años habíamos jugado y de vez en cuando nos acordábamos de alguna de nuestras fechorías, pero siempre, SIEMPRE ejecutábamos el "ritual de la despedida". Una en la casa y el resto en la calle; Mi abuela en el cierre golpeando el cristal con el anillo para llamarnos la atención una, tres, 10 veces y nosotros saludando otras tantas, las necesarias hasta que volvíamos la esquina.

Ya no habrá nadie en el cierre por quien volverse a mirar atrás

Voy a echar de menos a mi abuela y por qué no decirlo, la casa, porque forma parte de mi infancia y de mi vida adulta. Echaré de menos el olor, el sonido de las puertas, del timbre. Echaré de menos el pañuelo en que nos lanzaba las llaves de la puerta de fuera cuando ibamos a visitarla un poco más tarde y ya estaba cerrada. Todas estas cosas son parte de mi abuela.

A partir de hoy ya nada será igual.

Porque esa pequeña matriarca que fue mi abuela nos ha mantenido unidos y ya nada será igual.

Nada.

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